La confirmación es el sacramento, conferido por el Obispo o por su delegado, que nos hace perfectos cristianos, es decir, cristianos adultos en la fe y capaces de rendir público testimonio de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, muerto y resucitado por nuestra salvación. Es la fuerza del Espíritu Santo, recibida en este sacramento, la que nos permite dar testimonio y difundir nuestra fe superando toda vergüenza o temor.