Aunque
es secundario, el detalle de nuestra
"nocturnidad" puede ser el que más llame
la atención sobre nuestra
espiritualidad. Realmente, todos los
tiempos son iguales alabar adorar a
Dios, y si nosotros hemos preferido
centrarnos en las horas de la noche es
porque hemos encontrado en ese tiempo en
el que los templos están habitualmente
cerrados y la mayoría de la población
descansando, divirtiéndose, la
oportunidad de encontrarnos con el Señor
con esa calma en la que suponemos que va
a ser más difícil que otras ocupaciones
nos vayan a interrumpir. A veces
entramos en una iglesia al azar,
pensando que podríamos aprovechar un
tiempo para recogernos en oración
individual, y al cabo de un tiempo vemos
que se empieza a preparar algún acto,
litúrgico o no, previsto para la
comunidad propia de aquel templo, que
viene a cambiar, lógicamente, los planes
que nos habíamos hecho en un principio.
En cambio, por la noche, es más fácil
que estemos solos. Solos con Dios. Ahí
no nos interrumpen ni nuestras
obligaciones, laborales o familiares:
tenemos toda la noche por delante.
Hablamos
de ser "adoradores de noche y apóstoles
de día", de dedicar a la oración y a la
contemplación un tiempo que no nos
aparte de nuestras obligaciones, de
nuestro trato habitual con aquellos a
los que tenemos el deber de evangelizar
o de catequizar, siquiera sea con
nuestra conversación o nuestro ejemplo:
de dedicar a Dios un tiempo en el que
nadie nos va a echar de menos, porque
los demás lo dedican a otras cosas, y se
supone que también nosotros estaríamos
haciendo lo mismo; pero una noche al mes
la dedicamos a este encuentro con Jesús
en la Eucaristía.
Oración
de Su Santidad el Papa Juan Pablo II
para la Adoración Nocturna
Señor Jesús,
Nos presentamos
ante ti sabiendo que nos llamas y que
nos amas tal como somos.
"Tú tienes palabras de vida eterna y
nosotros hemos creído y conocido que tú
eres el Hijo de Dios" (Jn 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha
comenzado con el sacrificio de la Última
Cena y continúa como comunión y donación
de todo lo que eres.
Aumenta nuestra
FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo
que nos comunicas, queremos llegar al
Padre para decirle nuestro SÍ unido al
tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.
Siguiéndote a ti, "camino, verdad y
vida", queremos penetrar en el aparente
"silencio" y "ausencia" de Dios,
rasgando la nube del Tabor para escuchar
la voz del Padre que nos dice: "Este es
mi Hijo amado, en quien tengo mi
complacencia: Escuchadlo"(Mt 17,5).
Con esta
FE, hecha de escucha contemplativa,
Sabremos iluminar nuestras
situaciones personales, así como los
diversos sectores de la vida
familiar y social.
Tú eres nuestra
ESPERANZA, nuestra paz, nuestro
mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de
esperanza al saber que vives "siempre
intercediendo por nosotros" (Heb 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en
confianza, gozo de Pascua y camino
apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las
cosas como las valoras tú. Porque tú
eres el centro, el principio y el fin de
todo.
Apoyados en
esta ESPERANZA, queremos infundir en
el mundo esta escala de valores
evangélicos por la que Dios y sus
dones salvíficos ocupan el primer
lugar en el corazón y en las
actitudes de la vida concreta.
Queremos AMAR
COMO TÚ, que das la vida y te comunicas
con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi
vida es Cristo" (Flp 1, 21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a "estar con quien
sabemos nos ama", porque "con tan buen
amigo presente todo se puede sufrir". En
ti aprenderemos a unirnos a la voluntad
del Padre, porque en la oración "el amor
es el que habla" (Sta. Teresa).
Entrando en
tu intimidad, queremos adoptar
determinaciones y actitudes básicas,
decisiones duraderas, opciones
fundamentales según nuestra propia
vocación cristiana.
CREYENDO,
ESPERANDO Y AMANDO,
TE ADORAMOS con una actitud sencilla de
presencia, silencio y espera, que quiere
ser también reparación, como respuesta a
tus palabras: "Quedaos aquí y velad
conmigo" (Mt 26, 38).
Tú superas la pobreza de nuestros
pensamientos, sentimientos y palabras;
por eso queremos aprender a adorar
admirando el misterio, amándolo tal como
es, y callando con un silencio de amigo
y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en
nuestros corazones nos ayuda a decir
esos "gemidos inenarrables" (Rom 8, 26)
que se traducen en actitud agradecida y
sencilla, y en el gesto filial de quien
ya se contenta con sola tu presencia, tu
amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si
tú estás presente, y nos amas, y nos
hablas, ya nos basta, aunque muchas
veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo
este más allá de la ADORACIÓN,
estaremos en tu intimidad o
"misterio". Entonces nuestra oración
se convertirá en respeto hacia el
"misterio" de cada hermano y de cada
acontecimiento para insertamos en
nuestro ambiente familiar y social y
construir la historia con este
silencio activo y fecundo que nace
de la contemplación
.
Gracias a
ti nuestra capacidad de silencio y
de adoración se convertirá en
capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a
tu Madre como nuestra para que nos
enseñe a meditar y adorar en el corazón.
Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola
en práctica, se hizo la más perfecta
Madre.
Ayúdanos a
ser tu Iglesia misionera que sabe
meditar adorando y amando tu Palabra
para transformarla en vida y
comunicarla a todos los hermanos.
AMEN