grupos parroquiales: ADORACIÓN NOCTURNA

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ADORACIÓN NOCTURNA

San Pascual Bailón, patrono de la Adoración Nocturna

 

    Las diversas espiritualidades son distintas maneras de imitar a Cristo. En este sentido, la espiritualidad propia de la Adoración Nocturna trata de imitar a Cristo adorador del Padre, que durante su vida mortal oraba frecuentemente de noche, y que ahora perpetúa su adoración, su intercesión y su sacrificio redentor en la Eucaristía, que supone la presencia real de Jesús.

   Aunque es secundario, el detalle de nuestra "nocturnidad" puede ser el que más llame la atención sobre nuestra espiritualidad. Realmente, todos los tiempos son iguales alabar adorar a Dios, y si nosotros hemos preferido centrarnos en las horas de la noche es porque hemos encontrado en ese tiempo en el que los templos están habitualmente cerrados y la mayoría de la población descansando, divirtiéndose, la oportunidad de encontrarnos con el Señor con esa calma en la que suponemos que va a ser más difícil que otras ocupaciones nos vayan a interrumpir. A veces entramos en una iglesia al azar, pensando que podríamos aprovechar un tiempo para recogernos en oración individual, y al cabo de un tiempo vemos que se empieza a preparar algún acto, litúrgico o no, previsto para la comunidad propia de aquel templo, que viene a cambiar, lógicamente, los planes que nos habíamos hecho en un principio. En cambio, por la noche, es más fácil que estemos solos. Solos con Dios. Ahí no nos interrumpen ni nuestras obligaciones, laborales o familiares: tenemos toda la noche por delante.

   Hablamos de ser "adoradores de noche y apóstoles de día", de dedicar a la oración y a la contemplación un tiempo que no nos aparte de nuestras obligaciones, de nuestro trato habitual con aquellos a los que tenemos el deber de evangelizar o de catequizar, siquiera sea con nuestra conversación o nuestro ejemplo: de dedicar a Dios un tiempo en el que nadie nos va a echar de menos, porque los demás lo dedican a otras cosas, y se supone que también nosotros estaríamos haciendo lo mismo; pero una noche al mes la dedicamos a este encuentro con Jesús en la Eucaristía.

Oración de Su Santidad el Papa Juan Pablo II para la Adoración Nocturna

Señor Jesús,

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.
"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (Jn 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la Última Cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.

Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro. Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo"(Mt 17,5).

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, Sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (Heb 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.

Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (Flp 1, 21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO,
TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt 26, 38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (Rom 8, 26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio". Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertamos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.

Gracias a ti nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.

Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera que sabe meditar adorando y amando tu Palabra para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.

AMEN

 

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