|
LA PARROQUIA DE
SAN
FRANCISCO DE ASÍS
La presencia capuchina en este sector zaragozano de Torrero
podríamos apreciarla en tres momentos diferentes:
I.
Los religiosos
vivían en una parcela provisional y las actividades de culto se
realizaban en el oratorio de la fábrica: “Zaragoza Industrial”.
II.
Construcción de
San Antonio “el Viejo” y actividades pastorales – sociales que
comienzan a impulsarse desde este lugar.
III.
Consolidación
jurídica al ser nombrada “Parroquia” y el cambio de nombre.
************************************
I.-
Los religiosos capuchinos:
P. Ignacio de
Pamplona
y Fr. Severo de Satrústegui llegan a Zaragoza con la misión de
buscar un sitio adecuado para fundar una fraternidad capuchina.
Son los días 9 o 10 de enero de 1928. La primera semana
inspeccionan la margen izquierda del Ebro donde Mons. Rigoberto
Doménech accedía a una fundación. Sus búsquedas por el arrabal
zaragozano no dan resultado y el día 17 los encontramos en el
barrio de Venecia, que en ese entonces era jurisdicción del
Obispado de Huesca.
Dª Rosario Pou, vda. de Gómez
acoge generosamente a los religiosos capuchinos y pone a su
entera disposición la capilla particular de su fábrica de
géneros de punto “Zaragoza Industrial”. Ese mismo día 17 el P.
Ignacio adquiere en arriendo una casita en la calle Monterregado
nº 11, como vivienda para la futura fraternidad.
El 2 de febrero de 1928 los
capuchinos asumen oficialmente la capilla de “Zaragoza
Industrial”. El P. Ildefonso de Ciáurriz, a la sazón Ministro
Provincial, preside la Eucaristía y Dº Basilio Lapena, párroco
de Santa Engracia, dirige una Hora Santa vespertina.
En el mes de abril estaba
constituida la primera fraternidad capuchina por los Padres
Ignacio de Pamplona, Cristóbal de Eraul, Fr. Ignacio de Yaben
y Fr. Estanislao de Burlada.
En este sector del sur zaragozano
la mayoría de los habitantes eran de condición modesta: pequeños
propietarios, algunos comerciantes, muchos obreros que
trabajaban en diferentes fábricas, en el gremio de la
construcción y muchos arrieros que en sus carros transportaban
yeso hasta las obras de la ciudad.
Las viviendas eran, en su gran
mayoría, las que aún hoy se conocen como “parcelas”.
La escolarización infantil dejaba
mucho que desear por falta de centros escolares.
La asistencia religiosa también
dejaba mucho que desear. En todo el sector de Torrero no había
otra iglesia que la parroquia de Santa Engracia; la iglesia de
San Fernando no tenía culto.
Los religiosos capuchinos se
esforzaron en no defraudar las esperanzas de sus vecinos:
pusieron mucho interés en la labor callada y constante del
confesonario, asistencia a los enfermos. Los Padres Ignacio y
Cristóbal desarrollan una intensa labor de evangelización desde
los púlpitos zaragozanos.
Conscientes de que su ubicación
estaba marcada por la provisionalidad hacen todas las gestiones
necesarias para adquirir los terrenos donde pudieran levantar la
Capilla y la residencia para los religiosos.
Con la adquisición de varias
parcelas, llegan a formar un buen solar entre la Avda. América,
calle Royo (hoy Venecia) y calle Checa. La colaboración de Dn.
Pedro Luna en esta tarea es muy importante para que se llegara a
feliz término.
II.-
El 13 de junio de 1928 se inician las zanjas de cimentación.
El 30 de junio el Obispo de Huesca coloca la emblemática
“primera piedra”. El 19 de julio se inicia la construcción de la
Capilla y residencia.
Gracias al interés y al
entusiasmo de todas las personas que intervenían en estas obras,
la nueva Capilla se abría al culto y los religiosos capuchinos
ocupaban la residencia el 13 de junio de 1929.
Una hoja volante (precursora del
futuro Mensajero) daba a conocer horarios de misas y otros
cultos en la nueva Capilla de San Antonio para los meses
siguientes. La nueva fraternidad, en vistas a un futuro próximo
de más trabajo evangelizador y de compromiso con el sector donde
está ubicada se aumentó con los siguientes religiosos: P.
Serafín de Tolosa, Fr. Ambrosio de Elcano, P. Victor de Legarda,
Fr. Lorenzo de Hijar.
Precisamente en una de estas
hojas volantes el P. Ignacio de Pamplona se ponía a disposición
de todos los vecinos del barrio:
“Sepan todos nuestros amados
vecinos de los barrios de Torrero que en todas las contingencias
de la vida, sobre todo, en las necesidades de su alma seremos
sus amigos leales y desinteresados, ministros de Jesucristo el
amigo indefectible de todos, pero especialmente de los niños, de
los que trabajan y de los que sufren”
En la flamante Capilla de la Avda.
América se suceden las diversas novenas y actos de devoción al
hilo del año litúrgico: San Francisco, las Ánimas, Inmaculada,
Siete Domingos de San José, Septenario de Dolores, Trece Martes
de San Antonio, San Antonio, mes de las Flores, Virgen del
Carmen –patrona del barrio de Venecia- , sabatinas, misiones
para hombres y mujeres. Se establecen de manera estable las
siguientes asociaciones: Jueves Eucarísticos con sus Horas
Santas, la Tercera Orden Franciscana, la Pía Unión de San
Antonio.
Solamente el enunciado de todos
estos nombres nos traslada a épocas pretéritas en la vida de la
Iglesia pero son el signo de una entrega total de los religiosos
a la hora de anunciar a Jesucristo (con los medios que se
utilizaban en aquellos momentos de la vida de la Iglesia) y de
una aceptación muy intensa por parte de los moradores del barrio
y de otros lugares de la ciudad.
Hay que señalar que los
zaragozanos desde tiempos lejanos tenían una cercanía afectiva
muy grande a San Antonio y ven en esta pequeña Capilla el
santuario de su Patrono.
Los religiosos capuchinos se
esfuerzan en celebrar los cultos litúrgicos con ese espíritu tan
franciscano de alabanza y alegría; el coro de señoritas cantoras
y sobre todo la Escolanía de San Antonio colaboran de forma
continua y definitiva.
El inicio del año 1930 asiste al
nacimiento de un medio de comunicación sencillo: “el Mensajero
de San Antonio”. En una primera etapa estaba totalmente
orientado a anunciar los cultos de la Capilla y propagar la
devoción a San Antonio. El trabajo denodado, la ilusión y la
calidad que los religiosos ponen en esta revista (una larga saga
iniciada por el P. Víctor de Legarda, Fr. Estanislao de Burlada)
dan origen a la linda realidad que podemos leer todos los meses
en la actualidad.
En octubre de 1929 se inician las
escuelas gratuitas.
El 25 de diciembre del año 1932
se abren unos comedores para más de ciento cincuenta niños. Esta
iniciativa duró poco tiempo pero fue el preludio de los futuros
comedores gratuitos de San Antonio. Comienzan su labor benéfica
el 13 de marzo de 1941; sirvieron para aliviar la necesidad,
agudizada enormemente en los años de la posguerra. Durante
muchos años sirvieron a los niños del barrio hasta que
desaparecen en la década de los sesenta. Es justicia reseñar a
la Srta. Teresa Yus colaboradora abnegada de esta obra.
El 1 de enero de 1934 queda
erigida la Juventud Católica de Torrero, dentro de las normas de
la Acción Católica Española, de gran influencia en el barrio.
La llegada de la Segunda
República, 14 abril de 1931, al panorama político español
implica unos movimientos sociales de gran calado y muy amplias
repercusiones. No fue un simple cambio de personas o de partidos
en las instituciones que dirigían el gobierno de la nación.
Esas consecuencias afectan
también a los religiosos capuchinos que trabajan en este barrio
de Torrero. Los acontecimientos más graves se produjeron el año
de 1933. El 24 de junio aparecen incendiadas las tapias de
madera que rodeaban el solar destinado a futura iglesia. Los
primeros días de diciembre de 1933, como consecuencia de la
huelga general revolucionaria, un grupo de revolucionarios
intentó quemar la Capilla; este desgraciado incidente quedó
reseñado por la prensa local: “La Voz de Aragón” y “El Heraldo
de Aragón”. Hay que reseñar que excepto “una señorita que
resulto con quemaduras en distintas partes del cuerpo de
pronóstico reservado”, no se llegó a producir ningún herido y
que las labores de extinción de los incendios fueron
fructíferas.
Los religiosos siguieron
realizando su trabajo evangelizador con amplias proyecciones
sociales. Las actividades de la Capilla no se interrumpieron, el
cronista conventual afirma que “se han intensificado con mayor
frecuencia la celebración de los sacramentos y con una
participación más numerosa en las funciones por parte del
público piadoso tanto del Barrio como de la ciudad”.
Los acontecimientos políticos –
militares que se suceden a partir del 18 de julio de 1936
cambian completamente el panorama político – religioso en
Zaragoza. Los religiosos capuchinos prosiguen sus tareas a las
que tiene que añadir una nueva, muy dolorosa por cierto, la
asistencia espiritual a los reos condenados a muerte en la
Cárcel de Torrero. Este ministerio está reflejado en el libro:
“Fusilados en Zaragoza” 1936 – 1939. Son las Memorias del P.
Gumersindo de Estella en las que se reflejan el sufrimiento
profundo por causa del dolor ajeno.
El 5 de noviembre de 1937 fue un
día aciago en el Barrio de Torrero. Los aviones republicanos
bombardearon el depósito de municiones situado en este sector,
la explosión de las bombas y proyectiles almacenados en ese
lugar sembraron el terror y la muerte en todo este sector. Los
religiosos no sufrieron daños físicos, la residencia donde
vivían si resultó afectada por este hecho.
En este esbozo histórico hay que
hacer mención de la nueva iglesia de San Antonio inaugurada el
25 de julio de 1945. Don Lino Rodrigo Ruesca, obispo de Huesca,
puso como condición para llevar a cabo la nueva fundación: “no
abandonar la antigua Capilla y residencia para que no quedara
perjudicado el barrio de Torrero”. En un principio todos los
religiosos capuchinos formaban una sola entidad.
Disminuye el número de religiosos
que atendían en la Capilla y en un primer momento se notó la
ausencia de muchos devotos del centro de la ciudad que se
detenían en el nuevo santuario y ya no cruzaban el puente sobre
el Canal Imperial. Pronto se vieron sustituidos por nuevos
grupos de población que venían a asentarse en el barrio.
En 1948 San Antonio “el pobre” o
“el viejo” recobra su independencia. Cada lugar de culto cuenta
con su fraternidad sin que esa circunstancia implique quebranto
en la colaboración y relaciones cordiales con los hermanos de
San Antonio “el rico” como comenzaban a ser designadas
popularmente ambas entidades.
Cuando todavía no estaba
organizada la Seguridad Social, gracias al trabajo de los
religiosos capuchinos, al apoyo de Cáritas Diocesana y a las
religiosas de Santa Ana, Torrero contó con un Dispensario
gratuito que cumplió un servicio básico para las familias
obreras del barrio. Abre sus puertas el 4 de abril de 1948
ubicado en nuestra residencia, donde se atendía a todos los
necesitados. En el año 1955 consta en los documentos que pasaban
del centenar las personas que diariamente eran atendidas en él.
En la década de los sesenta dejó de funcionar al ser obligatorio
el seguro de enfermedad
Al comenzar la década de los años
cuarenta nace en torno a la Capilla la rama de Hombres de Acción
Católica. Esta rama fue siempre ínter parroquial atendida
siempre desde esta Capilla.
v
El 16 de junio de
1950 se constituyó el Patronato Social Católico de Torrero como
obra de proyección social de la citada rama de Hombres de Acción
Católica. Esta institución nace bajo el impulso y la inspiración
del P. Venancio de Huarte – Araquil.
v
La primera obra que
realiza este Patronato fue el Cine Torrero, inaugurado el 27 de
enero de 1953. Su capacidad era de quinientas butacas, que se
amplían a setecientas ocho al año siguiente.
v
Obra de este
Patronato es la construcción de trescientas treinta y dos
viviendas sociales en el barrio, vendiéndolas a precios muy
inferiores a los autorizados y con facilidades de pago hasta
veinte años.
v
En el año 1960 en
los bajos de un edificio erigido por el Patronato en la calle
Monterregado 11 encuentran cobijo la antigua escuela fundada en
1929, transformada en Colegio San Antonio y la Filial nº 3 del
Instituto Goya, bajo la dirección de nuestros religiosos.
v
Este Patronato en
el año 1962 cede gratuitamente unas parcelas de terreno para
construir el templo de la nueva parroquia de la Sagrada Familia
en la calle Loarre.
v
El día 20 de mayo
de 1967 comienza sus actividades el Stadium Venecia entidad
enfocada a las prácticas deportivas y de ocio.
Otro vigoroso movimiento que
surge desde la Acción Católica es la HOAC. El P. Venancio de
Huarte – Araquil fue su consiliario durante varios años, al
tiempo que ejercía el mismo cargo en la HOAC diocesana.
III.-
El 2 de septiembre de 1955 la parroquia de Santa Engracia era
desmembrada de la diócesis de Huesca y pasaba a la archidiócesis
de Zaragoza. Era evidente la necesidad de redistribuir esta
inmensa feligresía en parroquias más reducidas.
Una de estas divisiones, fue
adjudicada, en marzo de 1961 a los capuchinos de Torrero, pero
dependiendo de Santa Engracia, hasta que el 30 de diciembre de
1964 quedaba constituida en Parroquia con plenos derechos.
Para evitar confusiones y
problemas burocráticos, esta Parroquia nacida bajo la advocación
de San Antonio de Padua, pasó a llamarse de San Francisco de
Asís, reservándose el nombre de San Antonio para la ubicada en
el Paseo Cuellar.
En esos primeros años de la nueva
parroquia nace la Hermandad Parroquial. Su finalidad es
“suprimir los gastos directos de la iglesia por los servicios de
bodas, bautizos, funerales, etc. Así como de trámites
administrativos y atender al culto y actividades directa o
indirectamente de la parroquia” (Reglamento, art.1). Este
instrumento para fomentar la vida parroquial surge cuando se
está celebrando el concilio y en la Iglesia se está dando una
gran tarea mentalizadora para:
a) que se
reconstruya el entramado comunitario de la Iglesia, es decir,
crear comunidad.
b) otorgar
responsabilidades a los seglares como piedras vivas,
constitutivas de la Iglesia de Dios.
Unos quince años más tarde,
aproximadamente, el párroco reconoce que esta Hermandad necesita
un nuevo impulso puesto que no se ha conseguido plenamente el
objetivo propuesto
Un último paso definitivo se dio
al final de la década de los años sesenta. La feligresía había
aumentado considerablemente y el barrio de Torrero había
cambiado completamente su fisonomía primitiva. Había llegado el
momento de construir un templo parroquial capaz y adecuado a las
necesidades que se dejaban sentir.
Al solar adquirido en 1928 para
templo, convento y escuelas ahora, le sobraban metros. Se
enajenó parte del mismo y en el resto se levantó de nueva planta
el templo parroquial, anhelado durante tantos años, y la nueva
residencia de los religiosos.
El día de Santiago -25 de julio-
de 1968 es el último día en que se celebran las Eucaristías en
la antigua y entrañable Capilla. Del 26 de julio de 1968 hasta
el 4 de octubre de 1970, la capilla de las religiosas de Villa -
Cruz hará de templo parroquial. Durante ese espacio de tiempo
los religiosos viven en el convento de San Antonio.
A raíz de la nueva construcción
cambia no solo el aspecto externo sino también la dinámica
pastoral. El paso de los sucesivos calendarios da otra dimensión
a la actividad parroquial.
Están en activo las ramas
masculina y femenina de Acción Católica. Otras asociaciones y
cofradías han desaparecido.
La catequesis experimenta un
gran auge a todos los niveles: niños, adolescentes, adultos, de
bautismo, primera comunión, confirmación y matrimonial.
Así como el trabajo conjunto con
las cinco parroquias del barrio de Torrero que han surgido con
una clara vocación de servicio a los grupos humanos que se han
establecido en esta inmensa zona del Sur de Zaragoza. Los
problemas son parecidos en el extenso grupo humano el barrio y
el esfuerzo de los responsables de la pastoral es conjunto y
unificado, en lo posible, a través de reuniones periódicas.
En la dinámica pastoral se tiene
un punto claro: Hacer una comunidad que viva, exprese, sea
testigo y celebre su fe. Una comunidad que rompa el anonimato en
que vive la persona en la gran urbe, que estreche las relaciones
interpersonales, que afronte la problemática socioeconómica
porque Jesús Resucitado vive en su Iglesia.
Una forma concreta para integrar
y coordinar a los seglares en las tareas eclesiales es la
creación y puesta en marcha del Consejo Pastoral de la Parroquia
San Francisco de Asís.
Entre las líneas maestras que
habrá que tener en cuenta para seguir en el camino trazado por
nuestros antecesores están:
Con Francisco de
Asís, fidelidad a los valores perennes del Santo Evangelio.
Estar muy atentos a
los signos de los tiempos, con audacia.
Imitar a la persona
prudente que extrae de su tesoro lo nuevo y lo antiguo.
|